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Prefeitura Municipal de Curitiba
Foto de Curitibanos

El Curitibano

Hasta el siglo XIX, los habitantes de Curitiba eran indios, mestizos, portugueses y españoles.

La inmigración empezó a ser interesante a partir de 1808, cuando un decreto del Príncipe Regente Dom João VI permitió a los extranjeros el derecho de propiedad sobre las tierras. Después de la Independencia de Brasil, en 1822, el país reforzó su preocupación con la ocupación del territorio. En Curitiba, esa preocupación aumentó aún más a partir de 1853, cuando Paraná, que era una Comarca de São Paulo, se tornó una Provincia independiente. Fue intensa, en ese periodo, la inmigración en masa de los europeos.

Los primeros inmigrantes que se establecieron en Curitiba fueron los alemanes. La pareja Michael Muller y Anna Krantz llegó en 1833, emigrando espontáneamente de Rio Negro – donde había llegado en 1829. Ellos innovaron la vida curitibana con las frutas europeas y las papas de su finca, y, con la ganancia se compraron el área comprendida entre las actuales calles Riachuelo y Carlos Cavalcanti, como también a lo largo de la Rua Barão do Serro Azul hasta la Praça (plaza) 19 de Dezembro

Los alemanes ocuparon el área más central y urbanizada de Curitiba. Iniciaron el proceso de industrialización – metalurgia y gráfica -, incrementaron el comercio, introdujeron cambios en la arquitectura, difundieron la noción del asociacionismo y tuvieron una fuerte influencia en el teatro, en la música y también en la gimnasia.

Los poloneses llegaron en 1871 y fundaron las colonias de Tomás Coelho (Araucária), Muricy (São José dos Pinhais), Santa Cândida, Orleans, Pilarzinho y Abranches. Actuaron básicamente en la agricultura y en el comercio. Actualmente forman, en Curitiba, la mayor colonia polonesa de Brasil.

Los primeros italianos llegaron a Curitiba en 1872. A ellos se debe la fundación del barrio Santa Felicidade, en 1878, en las tierras adquiridas de los hermanos Borges y el nombre del barrio fue un homenaje a Felicidade Borges. Obreros, artesanos, profesionales especializados, comerciantes y agricultores, los italianos dejaron fuertes marcas, por ejemplo, en la arquitectura (la iglesia tiene la nave separada de la torre), en la culinaria, en la artesanía de paja y mimbre, en los juegos como la bocha, en la música y en la introducción de los implementos agrícolas.

Los ucranianos llegaron en masa en 1895. Se establecieron en el Campo da Galícia, actualmente la Praça 29 de Março (Plaza 29 de Marzo), en la región central, y en los alrededores fueron expandiendo sus propiedades a lo largo de la actual avenida Cândido Hartmann y por el barrio Bigorrilho. Su influencia es similar a la de los poloneses y de los rusos, en los campos como la arquitectura (las iglesias con sus cúpulas en forma de cebolla, por ejemplo), la culinaria y la religiosidad.

Los primeros japoneses marcaron presencia en Curitiba a partir de 1915, con la llegada de Mizumo Ryu. En 1924 se dislocaron en mayor número y se fijaron en los barrios como Uberaba, Campo Comprido y Santa Felicidade, además del actual municipio de Araucária. Entre otras contribuciones, los japoneses introdujeron nuevas técnicas agrícolas y las artes marciales.

También en el siglo XX llegaron a Curitiba los sirios y libaneses, hábiles vendedores que se establecieron con sus comercios de ropas, zapatos, telas y mercerías. Los pioneros eran mercaderes, que viajaban encima de mulas y vendían de casa en casa. Cuando establecieron sus tiendas, eligieron el área central de Curitiba.

La característica general de los grupos de inmigrantes es su gran asociacionismo, en función de las necesidades de la comunidad en relación a las asistencias médica y social, a las diversiones y los deportes, a la instrucción y a la vida religiosa.

En los centros urbanos como Curitiba, los inmigrantes constituyeron una clase media capaz de ahorrar e invertir, formando una burguesía empresarial de cierta relevancia. De esa manera, representaron un importante elemento urbanizador, pues constituyeron gran parte de esa elite empresarial.

La asimilación no es un proceso de incorporación pura y simple del inmigrante en la sociedad de adopción, y sí es un proceso bilateral. El inmigrante recibe bienes culturales y aprende con la sociedad que lo adoptó, pero también, paralelamente, contribuye con sus propios valores culturales en la sociedad de adopción. Él trae consigo bienes culturales, materiales y espirituales.

A los italianos se debe la fundación, en 1878, del barrio Santa Felicidade, en tierras adquiridas de los hermanos Borges y el nombre del barrio fue un homenaje a Felicidade Borges

Los inmigrantes trajeron, para el sistema de pequeñas propiedades, los alambrados que las cierran; trajeron el arado, la carreta cubierta con toldo, la industria de la molienda, las culturas agrícolas, el trigo, la cebada, el trigo morisco; introdujeron la broa.

En Curitiba se come broa con vina (salchicha). En ningún lugar de Brasil se sabe lo que es vina, sólo nosotros sabemos que es la wienerwurst, la salchicha hecha a la moda de Viena. Aquí comemos puré de manzana, charutos de repolho (enrollado de repollo), tortas de mil hojas, apffelstrudel, tortas de semilla de amapola, crema de raíz fuerte. Aquí tomamos cuajada y caldo de remolacha.

La arquitectura es otro ejemplo de esa integración. Basta andar por la ciudad y observar las iglesias de cúpulas bizantinas. Basta observar las casas con lambrequines, que es otra influencia de la inmigración.

Tenemos las fiestas de Pascua con pêssankas (huevos pintados) de filigrana y las navidades con los arbolitos salpicados de algodón y Papá Noel, un derivativo norteamericano de San Nicolau, con pesadas vestimentas bizantinas en pleno verano. Y también las procesiones de Corpus Christi, con sus alfombras de flores.

Estas influencias, traídas por los inmigrantes, fueron incorporadas por la sociedad de adopción a tal punto que no provocan sorpresa o despiertan curiosidad. Pero componen una historia-documento para ser utilizada en la construcción de una vivencia mejor, reflejada en el rostro polifacético del curitibano de hoy.

Los inmigrantes constituyeron una clase media desarrollada, que se transformó con el tiempo en una burguesía empresarial de cierta relevancia. Fue la llave para la urbanización.

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